educación

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo/a a mejorar sus habilidades sociales?

La interacción social es un componente esencial del desarrollo infantil. Desde la primera infancia, los niños aprenden a relacionarse con los demás a través de la observación, la imitación y la práctica. Las habilidades sociales son una parte fundamental de esta interacción y se refieren a las conductas y estrategias que se utilizan para establecer y mantener relaciones sociales satisfactorias. Aunque algunas habilidades sociales son innatas, la mayoría se aprenden y se pueden entrenar. 

Las habilidades sociales son esenciales para el bienestar emocional y el éxito social de los niños. La falta de habilidades sociales puede llevar a problemas de comportamiento, aislamiento social, baja autoestima y dificultades académicas. Por el contrario, los niños que poseen habilidades sociales bien desarrolladas tienden a tener relaciones sociales más satisfactorias, mejores habilidades de resolución de conflictos, mayor autoconfianza y éxito académico (Bernier y Calkins, 2010).

Aunque algunas habilidades sociales se adquieren naturalmente a medida que los niños crecen, otras deben ser enseñadas. Los padres y madres tienen un papel fundamental en el desarrollo de las habilidades sociales de los niños, al igual que los profesionales de la salud mental y los educadores. 

Es por ello que como padre o madre tienes un papel fundamental en el correcto desarrollo de las habilidades sociales de tu hijo/a. Te presentamos algunos consejos para mejorar dichas habilidades con tu peque:

1. Juegos de rol

Los juegos de rol son una forma divertida de ayudar a los niños a desarrollar sus habilidades sociales. Los padres y madres pueden representar diferentes personajes, y los niños pueden asumir el papel de alguien más. De esta manera, los niños pueden practicar habilidades como la empatía, la escucha activa y la resolución de conflictos. Por ejemplo, pueden representar situaciones cotidianas, como pedir ayuda a un desconocido, compartir juguetes con un amigo o resolver una discusión con un hermano. A través de este juego, los niños pueden aprender a comunicarse de manera efectiva y desarrollar habilidades de resolución de problemas (Pellegrini, 2002).

 2. Juegos de mesa cooperativos

Los juegos de mesa cooperativos son una excelente manera de fomentar el trabajo en equipo y la cooperación. En lugar de competir entre sí, los jugadores trabajan juntos para lograr un objetivo común. Estos juegos ayudan a los niños a aprender a escuchar y comunicarse eficazmente, así como a respetar las ideas y opiniones de los demás. Además, pueden ser una actividad divertida para toda la familia. 

 3. Actividades en grupo

Las actividades en grupo pueden ser una excelente manera de fomentar el desarrollo de habilidades sociales en los niños. Estas actividades pueden incluir deportes en equipo, ir a clases de teatro, clases de música… Estas actividades ayudan a los niños a aprender a trabajar en equipo, a comunicarse eficazmente y a construir relaciones positivas con los demás. Además, las actividades en grupo también pueden ser una forma divertida de hacer amigos y desarrollar un sentido de pertenencia.

4. Lectura de libros y cuentos

La lectura de libros y cuentos puede ser una forma divertida de fomentar el desarrollo de habilidades sociales en los niños. Los padres y madres pueden elegir libros que traten temas como la empatía, la resolución de conflictos, la amistad y la comunicación efectiva. Al leer juntos, los niños pueden aprender sobre diferentes situaciones sociales y cómo lidiar con ellas de manera positiva y efectiva. Además, la lectura también puede ayudar a los niños a desarrollar su vocabulario y su capacidad de concentración.

5. Juegos de imaginación

Los juegos de imaginación pueden ser una forma divertida de fomentar la creatividad y el desarrollo de habilidades sociales en los niños. Los padres y madres pueden alentar a sus hijos a crear historias y personajes, y a jugar juntos en un mundo imaginario. Estos juegos ayudan a los niños a desarrollar su capacidad de empatía, su imaginación y su capacidad de comunicarse y trabajar juntos en un entorno seguro y sin juicios.

 

En definitiva, las habilidades sociales son esenciales para el desarrollo de los niños y los padres y madres pueden desempeñar un papel clave en su fomento a través de actividades y dinámicas divertidas. Los juegos de rol, los juegos de mesa cooperativos, las actividades en grupo, la lectura de libros y cuentos y los juegos de imaginación son solo algunas de las muchas dinámicas útiles que los padres y madres pueden utilizar para mejorar las habilidades sociales de sus hijos. Al incorporar estas actividades en la rutina diaria de sus hijos, los padres y madres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar habilidades sociales valiosas y duraderas que les servirán en su vida adulta.

Bibliografía consultada:

  • Bernier, A., y Calkins, S. D. (2010). El desarrollo conjunto de la competencia socioemocional y cognitiva en la infancia: implicaciones para la práctica en la primera infancia. Early Childhood Research Quarterly, 25(4), 427-439.
  • Cassidy, J., Parke, R. D., Butkovsky, L., y Braungart, J. M. (1992). Conexiones familiares y entre pares: el papel de la expresividad emocional dentro de la familia y la comprensión de las emociones de los niños. Child Development, 63(2), 603-618.
  • Greene, R. W., Biederman, J., Faraone, S. V., Monuteaux, M. C., Mick, E., DuPre, E. P., … y Goring, J. C. (2001). Dificultades sociales en niñas con TDAH: patrones, comparaciones de género y correlatos. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 40(6), 704-710.
  • Pellegrini, A. D. (2002). El papel del juego en el desarrollo humano. New directions for child and adolescent development, 2002(93), 55-65.

 

¿Cómo enseñar a mi hijo/a a escuchar? ¿por qué es importante?

La escucha activa es una habilidad fundamental en nuestras relaciones sociales y en la vida cotidiana. Aunque a veces puede parecer que estamos escuchando, en realidad, muchas veces estamos simplemente esperando nuestro turno para hablar o pensando en otras cosas. Y en los niños y niñas esto sucede bastante. La escucha activa se trata de estar completamente presente y atento a la persona que está hablando, con el fin de comprenderla mejor y construir relaciones más fuertes y significativas. 

¿Qué es la escucha activa?

La escucha activa es un proceso de comunicación en el que se presta atención a lo que la otra persona está diciendo, se comprende su mensaje y se responde de manera adecuada. Implica escuchar sin prejuicios ni interrupciones, estar atento a los gestos y lenguaje corporal, y hacer preguntas claras para aclarar cualquier malentendido. La escucha activa es un proceso importante en nuestras relaciones interpersonales, ya que nos ayuda a construir relaciones más sólidas y significativas.

La escucha activa es importante por varias razones. En primer lugar, nos ayuda a comprender mejor a la persona que está hablando y a entender sus necesidades y preocupaciones. Esto puede ayudarnos a mejorar nuestra comunicación y resolver conflictos de manera más efectiva.

Además, la escucha activa puede ayudar a fortalecer nuestras relaciones interpersonales. Cuando alguien se siente escuchado y comprendido, es más probable que confíe en nosotros y esté dispuesto a compartir sus pensamientos y sentimientos con nosotros en el futuro. La escucha activa también puede mejorar nuestra empatía, lo que nos ayuda a ser más comprensivos y compasivos hacia los demás.

Consejos para trabajar la escucha activa en los niños

Los niños también pueden beneficiarse de la escucha activa y es muy importante que desde que son bien pequeñitos se les vaya incentivando en esta habilidad social. Aquí hay algunos consejos para ayudar a los niños a desarrollar la escucha activa:

  1. Escucha sin interrupciones: Enséñale a tu hijo a escuchar sin interrumpir, dejando que la otra persona termine de hablar antes de responder. Muchas veces en las sesiones de terapia usamos elementos físicos, puedes hacerlo tú también en casa. Por ejemplo: coge un objeto que sea significativo y establece la norma de que quien tenga ese objeto es quien tiene la palabras y el resto debe escuchar.  También puedes practicar contando cuentos y luego haciéndole preguntas acerca del cuento.
  2. Muestra interés: Anima a tu hijo a mostrar interés en lo que la otra persona está diciendo, haciendo preguntas y prestando atención a los detalles. Sé su ejemplo y mientras el niño o la niña te cuenta lo que ha hecho durante el día, tú ve haciéndole preguntas para que note tu interés.
  3. Usa el lenguaje corporal adecuado: Enséñale a tu hijo a prestar atención al lenguaje corporal de la otra persona, ya que esto puede dar pistas importantes sobre lo que está sintiendo. Por ejemplo, cuando estés viendo una peli con él o ella, resalta los gestos o el lenguaje no verbal de los personajes.
  4. Aclara cualquier malentendido: Si hay algún malentendido, asegúrate de que tu hijo haga preguntas para aclarar la situación. No grites ni finalices las discusiones sin haberte comunicado adecuadamente.
  5. Modela el comportamiento: Finalmente, es importante que los padres y madres modelen el comportamiento de escucha activa. Asegúrate de escuchar atentamente a tu hijo y a los demás, y de hacerles preguntas claras para entender mejor sus puntos de vista. Sé su mejor ejemplo de escucha activa.

 

¿Qué son los trastornos del neurodesarrollo?

Hoy en día escuchamos mucho el término de “neurodesarrollo” y “trastorno del neurodesarrollo”, pero exactamente, ¿qué es?.

Los trastornos del neurodesarrollo (o trastornos del desarrollo neurológico) hacen referencia a un grupo de alteraciones o problemas que interfieren en el adecuado funcionamiento y que se presentan desde el nacimiento o, con mayor frecuencia, al inicio de la infancia. Las alteraciones de neurodesarrollo implican dificultades en el desarrollo y funcionamiento del cerebro (Galán-López et al, 2017). Es decir, son todas aquellas dificultades o problemas que surgen desde que el niño nace o desde que es muy pequeñito.

Dentro de estos trastornos del desarrollo podemos encontrar una gran diversidad. Los que incluye el Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) (los incluye como trastornos del desarrollo neurológico) son los siguientes:

  • Discapacidad intelectual.
  • Discapacidad intelectual limítrofe.
  • Trastorno del espectro autista.
  • Retraso global del desarrollo.
  • Discapacidad intelectual no especificada.
  • Trastorno del lenguaje.
  • Trastorno de la comunicación social (pragmática).
  • Trastorno del sonido del lenguaje.
  • Trastorno de fluidez de inicio en la infancia (tartamudeo).
  • Mutismo selectivo.
  • Trastorno específico del aprendizaje.
  • Problema académico o educativo.
  • Trastorno de la comunicación no especificado.
  • Trastornos del desarrollo de la coordinación.
  • Trastorno de movimientos estereotípicos.
  • Trastorno de Gilles la Tourette.
  • Trastorno de tics motores o vocales persistente (crónico).
  • Trastorno de tics transitorio.
  • Trastorno de tics de otros tipos o no especificado.
  • Trastorno por déficit de atención/hiperactividad.
  • Otro trastorno por déficit de atención/hiperactividad especificado (o no especificado).
  • Trastorno negativista desafiante.
  • Trastorno de la conducta.
  • Pica.
  • Trastorno de rumiación.
  • Encopresis.
  • Enuresis.
  • Trastorno del despertar del sueño no REM, del tipo con terrores nocturnos.
  • Problema de relación padre-hijo.
  • Problema de relación entre hermanos.
  • Problemas relacionados con el abuso o negligencia.
  • Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo.
  • Trastorno de ansiedad por separación.
  • Trastorno de estrés postraumático en preescolares.
  • Disforia de género en niños.
  • Trastorno facticio aplicado a otro.
  • Otro trastorno del neurodesarrollo especificado (o no especificado).

Como ves, existen multitud de trastornos del neurodesarrollo y además, muchos son completamente diferentes entre sí. 

Es cierto que algunos de los trastornos que existen son de mayor severidad que otros. Y también es cierto que en muchas ocasiones se realiza un diagnóstico tardío o no se llega a realizar nunca. Y esto trae bastantes consecuencias.

Al fin y al cabo, lo que debemos tener claro con todo esto es que es mucho mejor realizar un diagnóstico temprano para que el niño reciba intervención terapéutica cuanto antes. Hablamos así de la atención temprana. 

La importancia de la atención temprana

Bien, se entiende por atención temprana el conjunto de intervenciones, dirigidas a los niños y niñas de 0-6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos (Artigás-Pallarés, 2007).

La atención temprana sería, por tanto, un tratamiento y una prevención a su vez. Ya que en muchas ocasiones un niño de 3 años diagnosticado con TEA recibe atención temprana y se previenen así dificultades futuras. 

Este tipo de intervención es, sin duda, la mejor opción. En todo tipo de dificultades o patologías cuanto antes se trate, menores serán las consecuencias a largo plazo. Pues esto se acentúa aún más en los trastornos del neurodesarrollo.

 

Bibliografía consultada:

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed. –.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Artigas-Pallarés, J. (2007). Atención precoz de los trastornos del neurodesarrollo. A favor de la intervención precoz de los trastornos del neurodesarrollo. Rev Neurol, 44(3), S31-S34.

Galán-López, I. G., Lascarez-Martínez, S., Gómez-Tello, M. F., & Galicia-Alvarado, M. A. (2017). Abordaje integral en los trastornos del neurodesarrollo. Revista del Hospital Juárez de México, 84(1), 19-25.

Morrison, J. (2015). DSM-5 Guía para el diagnóstico clínico. Editorial El Manual Moderno.

 

Autoestima en los niños y niñas

La autoestima en los niños y niñas

La autoestima es uno de los aspectos fundamentales en el estado emocional de las personas. Así, la autoestima iría muy ligada al autoconcepto. El autoconcepto es la imagen o la percepción que tenemos de nosotros mismos. La autoestima es la valoración que hacemos de esa imagen que tenemos.

La autoestima se va desarrollando durante edades bien tempranas y va siendo influida por múltiples factores. En el caso de los niños y niñas la autoestima se ve altamente influida por el contexto familiar en primer lugar y por el contexto escolar. Estos dos son los contextos de mayor influencia. Es por eso que es fundamental que los niños perciban a su familia y a la escuela como elementos de seguridad y protección.

¿Qué aporta una autoestima positiva a los niños y niñas?

La autoestima es, en definitiva, un gran predictor de bienestar psicológico en los niños y las niñas. Así, se ha demostrado que una autoestima positiva influye en (Vargas y Oros, 2011):

  • Mejores habilidades sociales.
  • Mejor tolerancia al estrés.
  • Mejor adaptación a cambios y flexibilidad.
  • Mayor integración social y capacidad de trabajo en equipo.
  • Mayor percepción de felicidad y satisfacción con la vida.

Por el contrario, una autoestima baja está relacionada con síntomas de depresión infantil, problemas en la escuela,  conductas violentas, impulsividad y desajuste emocional (Vargas y Oros, 2011).

Aunque bien es cierto que muchas personas pueden caer en el error de pensar que la autoestima es sentir que eres perfecto. Y no, no va por ahí. La autoestima se trata de tener una valoración positiva, lo que lleva también a ser realista y entender que hay veces que debemos mejorar en cosas que resultan molestas para nosotros mismos o para los demás. Y entender que esto incidirá en que nos sintamos aún mejor.

¿Qué puedo hacer en casa para contribuir a que mi hijo/a tenga una mejor autoestima?

Como hemos dicho anteriormente, la familia es el contexto principal de influencia en los niños/as. Es por eso que resulta de vital importancia que exista en casa un clima positivo que ayude a que tu hijo/a desarrolle un autoconcepto sano. Los aspectos principales a tener en cuenta son:

  • La comunicación. Es esencial que desde que el niño/a es bien pequeñito/a le acostumbremos a que se sienta parte activa de la estructura familiar y a que entienda que sus opiniones son válidas y bien recibidas. Esto no significa que todo lo que el niño diga se vaya a cumplir, ya que evidentemente entendemos que los niños y niñas no tienen un nivel cognitivo lo suficientemente maduro como para tomar decisiones importantes. Sin embargo, debemos transmitirles a los niños/as que siempre van a ser escuchados y sus opiniones tenidas en cuenta (que no definitivas). Esto, sin duda, va a mejorar su autoconcepto y autoestima.
  • El afecto. El cariño es un aspecto fundamental en la satisfacción personal de los niños y niñas. Resulta básico en el día a día de un niño sano y feliz recibir afecto por parte de su familia, ya sea afecto físico (abrazos, besos…) o verbales (palabras de aprobación, felicitaciones…).
  • El apoyo y la aceptación. Esta parte es de las más importantes, ya que muchas veces caemos en el error de querer moldear a nuestro hijo a nuestro gusto. Debemos aceptar a nuestros hijos y apoyarles en las decisiones que vaya tomando a lo largo de su vida. Bien es cierto que, como hemos dicho, el niño no es capaz de tomar decisiones vitales cuando su nivel madurativo no es suficiente, pero sí que va a ser capaz de mostrar y desarrollar su personalidad. Por ello, no debemos señalar continuamente lo que el niño o la niña hace mal, ya que eso puede disminuir significativamente su autoestima. ¿Los niños y niñas deben entender que tienen cosas que mejorar? Sí, por supuesto, los niños y las personas adultas siempre debemos mejorar cosas, sobre todo si esas cosas afectan negativamente a otras personas o a nosotros mismos. Pero lo que debemos hacer es acompañarlos en ese proceso de forma positiva y sirviendo de modelo de conducta adecuado para nuestros hijos e hijas.
  • La presencia de normas y límites. Sí, también los límites y normas influyen en la autoestima de los niños y niñas. Un niño que entiende que debe respetar algunos límites es un niño que también será consciente de que tiene derecho a que se respeten también con él. Se desarrolla así un comportamiento más asertivo, en el que se respetan los derechos de los demás y se respetan los de uno mismo. Ello incide en una mayor confianza, seguridad y por ende autoestima. Además, se ha visto que los niños que no respetan normas pueden llegar a tener una autoestima demasiado exagerada, lo que incluye comportamientos violentos y agresivos.
  • El fomento de su autonomía. Este es un aspecto clave en la autoestima infantil ya que no solo le decimos al niño que es capaz de hacer algo, sino que se lo demostramos. Lo vivencia por sí mismo. Si los niños se sienten capaces de valerse por sí mismos (dentro de las limitaciones de la etapa evolutiva en que se encuentre) tendrán mayor seguridad, confianza y autoestima. Por ello es muy importante que no intentemos continuamente hacerlo todo por ellos, porque al contrario de lo que pensamos, es altamente contraproducente para su desarrollo y autoestima.

¿Y en la escuela?

Como habíamos comentado, la escuela es el otro ámbito de mayor influencia en la autoestima de los niños y niñas. Este ámbito va muy relacionado con las relaciones sociales y los iguales. Los iguales cobran gran importancia, sobre todo, en la adolescencia.

Es fundamental que los niños y niñas se sientan agusto en la escuela, protegidos, validados y valorados por sus compañeros. Es importante en este caso que el niño experimente experiencias positivas en la escuela que le hagan pensar que es igual de válido que el resto de sus compañeros, tanto a nivel académico como a nivel social. Por eso en muchas ocasiones el sistema educativo de etiquetar a los niños por las notas resulta altamente negativo para su autoestima. Muchos niños y niñas se sienten juzgados por la nota que saquen. Esto crea en los niños una autoestima muy inestable. Es decir, si se trata de un niño que siempre saca malas notas, pensará que es un “inútil”. Y si es un niño que siempre saca buenas notas, va a tener continuamente la presión de que debe seguir sacando dichas notas. Así, en el momento en que no lo hace, se siente un “inútil”.

Por eso, en casa es importante que reforzemos su autoestima en este sentido también, haciéndole entender que lo importante para nosotros no es la nota en sí, sino el esfuerzo que pongamos en aprender.

Bibliografía consultado

  • Bragado, C., Hernández-Lloreda, M. J., Sánchez-Bernardos, M. L., y Urbano, S. (2008). Autoconcepto físico, ansiedad, depresión y autoestima en niños con cáncer y niños sanos sin historia de cáncer. Psicothema, 413-419.
  • Del Barrio, V., Navarro, M. D. F., & Escrivá, M. V. M. (1994). Autoestima y depresión en niños. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, 47(4), 471-476.
  • Muñoz, A. S., Serrano, R. M., & Urbieta, C. T. (2015). Estudio de la autoestima infantil en función del sexo. Revista sobre la infancia y la adolescencia, (9), 98-115.
  • Vargas Rubilar, J. A., & Oros, L. B. (2011). Parentalidad y autoestima de los hijos: una revisión sobre la importancia del fortalecimiento familiar para el desarrollo infantil positivo.
  • Zamora-Lorente, M. J. (2012). El desarrollo de la autoestima en Educación Infantil (Bachelor’s thesis).

¿Por qué los amigos son tan importantes para los adolescentes?

Muchas veces hemos escuchado aquello de que la adolescencia es un proceso casi dramático en el que las personas se vuelven rebeldes, calamitosas o egoístas. Y esto va acompañado de la percepción por parte de los padres de que comienzan a ser secundarios en la vida de sus hijos. Incluso, muchos padres y madres detectan que se convierten en una especie de “enemigos” de sus hijos.

Y esto no deja de estar tan alejado de la realidad, y es que en la adolescencia el grupo de iguales cobra especial importancia.

Este hecho viene acompañado de que en los adolescentes surge la necesidad de sentirse personas independientes de sus padres, con sus propias opiniones y criterios (Kimmel y Weiner, 1998). Pero ojo, esto no es malo. Al contrario, es muy saludable que los adolescentes comiencen a desarrollar su propio sistema de creencias, basado en sus experiencias personales, las relaciones que establece, los valores inculcados por su entorno familiar… En definitiva, los chicos y chicas quieren sentirse autónomos, y esto es natural y saludable.

Bien, es desde esa necesidad de independencia de donde surge la gran importancia que adquieren los amigos. La amistad es considerada por ellos como una relación duradera, caracterizada por la confianza, la comunicación, la intimidad, el afecto y el conocimiento mutuo, donde se exploran áreas en las que ambos comparten interés (Giró, 2011). Así, los adolescentes diferencian dos tipos de amigos: los amigos “amistosos”, que son aquellas personas con las que existe una relación agradable pero no existe un alto nivel de confianza; y, por otro lado, existen los amigos de verdad, con los existe un alto grado de intimidad y de confianza (De La Rúa, 2003). En cualquier caso, todos estos amigos son muy importantes para ellos.

Esta importancia nace precisamente de sentirse identificado con sus iguales, y es que no hay que olvidar que los adolescentes se encuentran en una etapa de cambios continuos. No solo cambios físicos y hormonales, sino cambios en su sistema de creencias y en su personalidad. Por ello, necesitan sentirse identificados con personas que estén experimentando esos mismos cambios. Así, los amigos son una fuente de comprensión y apoyo.

Ahora bien, que los iguales cobren importancia no significa que los padres dejen de tenerla. De hecho, la familia es durante toda la vida el contexto educativo, socializador y transmisor de valores más importante (Sánchez, Gutiérrez y Casado, 2008).

¿Qué debo hacer para continuar siendo importante para mi hijo?

Importante lo eres. Continúas siendo la persona más influyente en la vida de tu hijo. Ahora bien, en esta etapa te puedes convertir en una especia de antagonista en la vida de tu hijo. Como sabes, el adolescente busca independencia y busca establecer relaciones estrechas con sus amigos. Si actúas como apoyo en todo este proceso, los conflictos con tu hijo serán escasos. Si por el contrario intentas ejercer control, el resultado es una sucesión de discusiones y conflictos (Miranda y Pérez, 2005).

Los adolescentes están en este proceso de transición, y consideran a sus amigos imprescindibles en este proceso de crecimiento y desarrollo personal (Elzo, 2000).

Por todo ello, es muy importante que aquello que buscan en sus iguales, podamos ofrecérselo nosotros también. Se trata no comunicarnos con ellos (comunicarnos no es interrogarles), apoyarles, ofrecerles nuestra comprensión y confianza y mostremos aceptación hacia sus amigos. Esta última parte es primordial, ya que, si queremos que nuestros hijos forjen relaciones sociales sanas, debemos conocer cómo establece esas relaciones. Por ello, debemos ser partícipes de ese círculo de amistad. Así, estaría bien que invitemos a sus amigos a venir a casa, que nos interesemos por saber lo que nuestro hijo nos quiera contar de ese amigo, que les ofrezcamos diferentes alternativas de ocio para que realicen… Eso sí, si tu hijo te cuenta que su amigo X hizo tal cosa que no es de tu agrado, no puedes entrar a juzgar a su amigo. ¿Por qué? Porque tu hijo se va a sentir juzgado y no va a querer abrirse a contarte cosas. Por ello, si detectamos que sus amigos están haciendo algo que creemos que está mal hecho, debemos hablarlo con nuestro hijo de forma tranquila y comprensiva, razonando con este el motivo por el cual está mal eso que están haciendo.

En definitiva, aunque en la adolescencia los amigos son especialmente importantes, la familia continúa siendo el contexto de mayor influencia para ellos. Por eso, debemos mostrar apoyo y comprensión.

Referencias bibliográficas:

  • De la Rúa, A. D. F. (2003). La dinámica de las redes de amistad. La elección de amigos en el programa Erasmus. REDES. Revista hispana para el análisis de redes sociales, 4.
  • Elzo, J. (2000). El silencio de los adolescentes: Lo que no cuentan a sus padres. Madrid: Temas de Hoy. Colección Vivir Mejor.
  • Giró, J. (2011). Las amistades y el ocio de los adolescentes, hijos de la inmigración. Papers, 96(1), 77-95.
  • Kimmel, D. y Weiner, I. (1998) La adolescencia: una transición al desarrollo. Barcelona: Ariel Psicología.
  • Miranda, A. y Pérez, J. (2005) Socialización familiar, pese a todo. Libro de ponencias. Congreso Ser Adolescente Hoy (339- 350) Madrid: Fundación ayuda contra la drogadicción.
  • Sánchez, M. M., Gutiérrez, R. B., Rodríguez, J. M., y Casado, M. P. (2008). Influencia del contexto familiar en las conductas adolescentes. Ensayos: Revista de la Facultad de Educación de Albacete, (23), 391-408.

La MIRADA: clave en el desarrollo social

Los seres humanos somos seres eminentemente sociales, por lo que buscamos relacionarnos con otros miembros de nuestra misma especie. Es desde aquí, de donde surge nuestro desarrollo social. Y este desarrollo es casi tan importante como el personal.

Hay muchos aspectos importantes en el desarrollo social: la sonrisa, el lenguaje, la imitación, los gestos… y por supuesto, la mirada. Ya desde que el niño es recién nacido, este fija la mirada en los ojos de las personas que le rodean, especialmente de su madre. A los 3 meses comienza la sonrisa social, que es cuando el niño fija la mirada en una persona y le sonríe (no debemos confundir con la “sonrisa refleja”, que es aquella que el niño hace cuando duerme). A los 6 meses ya aparece la risa, sobre todo la risa social. A los 9 meses el bebé imita, sobre todo gestos, como por ejemplo: adiós con la mano, mueve las manos cuando quiere algo (gesto protoimperativo), toca su imagen en el espejo y sonríe…

Al año de vida, el niño ya señala, señala aquello que quiere, acompañado también de algún grito o incluso alguna verbalización; y aparece aquí la mirada con una función, y es que el niño mira alternativamente a un objeto que quiere y a la persona con el objetivo de dirigir la atención de esa persona al objeto (gesto protodeclarativo). A los 18 meses ya el niño muestra trayendo objetos o señalando partes de su cuerpo, y a los 24 meses ya juega y se interesa por otros niños (se desarrolla aquí el juego simbólico) (Payehuanca, 2008). Ahora bien, este ritmo de desarrollo es el que se da de forma normativa, lo cual no significa que absolutamente todos los niños deban seguir el mismo ritmo ni de la misma manera. Es muy importante tener en cuenta que cada niño tiene su propio compás de desarrollo evolutivo

Así, desde el nacimiento ya existe esa primera mirada entre el bebé y su madre; esa es la primera forma que tiene el niño de conocer el mundo. Y es entre los seis y doce meses cuando hay un desarrollo masivo de conexiones sinápticas en el córtex prefrontal que contribuyen al desarrollo de los que llamamos el cerebro social. De hecho, Allan Schore (2001) establece que las miradas ayudan al desarrollo neurológico y que las miradas positivas son el estímulo más importante para el crecimiento de la inteligencia social y emocional del cerebro. De esta forma, cuando el bebé detecta alegría, placer, satisfacción o “amor” en los rostros de sus padres, su sistema nervioso se estimula de forma positiva.

Con todo ello, vemos la gran importancia que tiene la mirada en todo este desarrollo social. Así, debemos tener presente que existen dos modalidades de mirada social básicas: la mirada deíctica, que es aquella en la que una persona mira a otra que está dirigiendo su mirada a otro lado; y la mirada compartida (o contacto ocular), en la cual dos personas se miran mutuamente a los ojos (Gómez, 1991). Ambas modalidades se combinan en el proceso de interacción social. En cualquier caso, queda clara la importancia de la mirada en la comunicación. En el caso de los niños, el contacto ocular en un criterio de comunicación intencional hacia los adultos (Bretherton y Bates, 1979), de manera que los infantes usan la mirada para conseguir aquello que quieren.

Pues bien, entendiendo la gran importancia que tiene la mirada, surge la inquietud de..

… ¿Y si mi hijo no mira? ¿y si mi hijo no me mantiene el contacto ocular?

En este caso, lo primero es no alarmarse y acudir a un especialista que valore al niño. Como hemos dicho anteriormente, cada niño es distinto y cada uno tiene su ritmo de aprendizaje y desarrollo. No obstante, debemos tener en cuenta que la acción de fijar la mirada debe darse en el niño de forma espontánea o estimulada de manera visual y/o auditiva, pero no táctil. Es decir, si tengo que “agarrar” la cara de mi hijo para que me mire, no me está dirigiendo la mirada realmente.

Como hemos dicho, todo es un proceso y las circunstancias de estimulación contextual pueden marcar ritmos distintos.

Referencias bibliográficas:

  • Bretherton, I., y Bates, E. (1979). “The emergence of intentional communication”. En: I. Uzgiris (Ed.), New directions for child development (pp. 81-100). San Francisco: Jossey-Bass.
  • Gómez, J.C. (1991) “Visual behavior as a window for Reading the mind of others in primates”. En Whiten A (ed), Natural Theries of Mind. Oxford: Basil Backwell.
  • Payehuanca, D. J. H., (2008). Desarrollo social en niños. Rev. Peru. Pediatr, 61 (2), 133.
  • Schore, A. (2001) Effects of a secure attachment relationship on right brain development. Affect regulation and infant mental health. En Infant Mental Health Journal, VOL 22 (1-2), 7-66, 2001.

Aprender jugando

Tradicionalmente se ha creído que la mejor forma (o la única) de aprender un concepto es escribirlo, leerlo, memorizarlo… Pero la realidad es que no hay mejor forma de aprender e interiorizar algo que experimentarlo por uno mismo de manera vivencial. Una manera de experimentación en la infancia es el juego.

El juego es una de las primeras actividades que los niños hacen para el propio disfrute. El juego siempre es algo placentero, divertido y muy positivo (Reboredo, 1983). Pero no es solo una actividad lúdica, sino una oportunidad de aprendizaje extremadamente importante. “El juego es un contexto de experimentación y descubrimiento que permite entrenar multitud de habilidades en desarrollo referidas a todos los ámbitos: físico, cognitivo, lingüístico, emocional y social” (Jiménez y Muñoz, 2015). Así, el juego ayuda a desarrollar destrezas, habilidades y conocimientos. Y entre estas habilidades que ayuda a desarrollar, se encuentran las habilidades sociales, ya que el juego facilita la interacción y conlleva el descubrimiento de nuevos sentimientos, sensaciones y deseos (Herranz, 2013).

Tipos de juego

Piaget (1964) establece cuatro etapas o estadios en los que se da el aprendizaje: etapa sensoriomotora (0 a 2 años), etapa preoperacional (2 a 7 años), etapa de operaciones concretas (7 a 10 años) y etapa de operaciones formales (11 a 15 años).

Pues bien, las primeras tres etapas del aprendizaje están relacionadas con tipos de juegos diferentes. Así, la etapa sensoriomotora se relaciona con el juego de ejercicio, en este caso los niños realizan movimientos simples y repetitivos que pueden tener finalidad o no tenerla. La etapa preoperacional se relaciona con el famoso juego simbólico, en el que los niños comienzan a imitar situaciones de la vida real y desarrollar la empatía. Y en la etapa de operaciones concretas se desarrolla el juego reglado, en el cual los niños empiezan a establecer reglas en los juegos, en principio reglas simples, y posteriormente reglas algo más complejas que requieren razonamiento lógico, seriación, clasificación… (Omeñaca y Ruiz, 2004).

Pues bien, teniendo en cuenta estas etapas, es muy importante que favorezcamos que los pequeños vayan descubriendo por sí mismos todos los conceptos del mundo que le rodean

¿Qué fomenta el juego?

Con todo ello, encontramos que el juego es un recurso educativo de lo más potente. Así, vemos que a través del juego los niños desarrollan valores, normas sociales, límites conductuales, favorece la comunicación, promueve las habilidades e interacciones sociales, facilita el desarrollo de la atención, la memoria, la creatividad, el autoconcepto y autoconocimiento… (Gallardo y Gallardo, 2018).

Recursos educativos relacionados con el juego

Aunque, como ya se ha mencionado anteriormente, los niños y niñas desde que son muy pequeños comienzan de forma espontánea a jugar, existen actualmente muchos portales de internet que nos brindan recursos para favorecer y hacer más divertido ese proceso.

Aquí les recomendamos algunas:

  • Pipoclub.com: para niños de 0 a 12 años.
  • Árbol ABC: para niños entre 3 y 10 años.
  • Science & Fun by Elesapiens: juegos relacionados con las ciencias.
  • Poisson Rouge: para cualquier edad.
  • Planetanimado para aprender jugando: desde infantil hasta 6o de primaria.
  • Smile and Learn
  • SuperSaber.com
  • Orientación Andújar: con muchos materiales descargables.

Cualquiera de ellas nos puede servir como apoyo y como administrador de recursos para hacer el aprendizaje a través del juego mucho más atractivo. Lo importante es tener claro que el juego no es una pérdida de tiempo, o algo que se deba relegar a un simple divertimento, el juego es una oportunidad de aprendizaje única y especial.

Referencias

  • Gallardo-López, J. A., y Gallardo Vázquez, P. (2018). Teorías sobre el juego y su importancia como recurso educativo para el desarrollo integral infantil.
  • Herranz, P. (2013). Teorías y desarrollo del juego. En P. Herranz y P. Sierra (Directoras). Psicología Evolutiva I. Volumen II. Desarrollo social, (pp. 225-247). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
  • Jimenez Lagares, I. y Muñoz Tinoco, V (2015). Los iguales como contexto de
    desarrollo.
  • Omecaña, R. y Ruiz, J.V. (2004). Juegos cooperativos y educación física. Barcelona. Paidolibro.
  • Reboredo, A. (1983). Jugar es un acto político, Nueva Imagen, México.
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